Fachada principal de la capilla

Sobre la capilla hemos encontrado, gracias al Sr. Xosé Ricardo Rodríguez Pérez, un documento del año 1768 en que Don Francisco Saavedra y Mosquera, Alcalde Mayor de la Jurisdicción de Maceda, como marido de Doña Luisa Feijoo Sotomayor solicita licencia para continuar la celebración del Santo Sacrificio en el pazo de Chaioso, con motivo de haber alargado dicha casa.

Firman la solicitud Don Jacobo, Don Joseph, Don Bernardo, Don Francisco, Don Thomas, Don Teodoro, Don Phelipe, Don Clemente y Doña Juana Mosquera Feijoó Sotomaior, hermanos y vecinos de Chaioso, de San Pedro de Maceda, y Don Francisco Saavedra y Mosquera.


Otro dato curioso es que el Conde de Maceda, Alonso de Lanzós Andrade y Novoa, que habitaba el castillo situado unos 400 metros por encima, hizo construir el pazo para un hijo ilegítimo. Y cuentan las leyendas que existe un túnel entre el pazo y el castillo, cosa que hasta el día de hoy no hemos podido comprobar.


En el pozo se puede leer la fecha 1808 grabada en la piedra, pero dado que se trata de una fecha muy importante en la historia española por la expulsión de las tropas napoleónicas de Madrid suponemos se pondría de manera conmemorativa.


Los escudos parecen ser de épocas bien distintas. Bajo estas líneas el escudo del portal de entrada al patio muestra en el centro las armas de los Feijoo, arriba a la izquierda las armas de los Nóvoa, arriba a la derecha las cinco cabezas sangrantes de lobo de los Mosquera, abajo a la izquierda los lagartos bajo losa de los Losada y por último abajo a la derecha las armas de los Salgado. Agradecemos estas informaciones al Sr. D. Xosé Ricardo Rodríguez Pérez .



El escudo situado en la fachada del alpendre parece ser más antiguo que el otro y muestra arriba a la izquierda dos cabras encaramadas a un roble, simbolo de la familia Sotelo, A la derecha dos lobos en un barco, símbolo de la familia Cardónigas. Las tres fajas abajo pertenecen a la familia Rivera. Agradecemos estas informaciones al Sr. D. Florencio Rodríguez-Montero.


Las últimas personas que habitaron el pazo fueron Don Ramón Villarino de Saá y su esposa Doña Araceli Anta Novoa. En los años 80 el pazo quedó deshabitado por lo que su estado se fue deteriorando considerablemente.
En el 2008 empezamos a restaurarlo para devolverle la dignidad que un edificio así merece.

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